cOn gritOs y escupitájOz!
mear toda una vida
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..es como te agrada..te agrandan, i le agradas.*
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viernes
LA CONSPIRACIÓN SHANDY O SOCIEDAD SECRETA DE LOS PORTÁTILES
(extraído de -dadá 1391-)
La Sociedad Secreta de los Portátiles supuso (desde el universo más simpáticamente ficticio) la mayor conjura del orgullo contra toda forma artística. Ahora, establece tú mismo la relación existente o no con dadá, eso corre a tu cargo, que ya va siendo hora de que te impliques y pongas en marcha tus mecanismos psíquicos y traumáticos. Esta pequeña mención de los Portátiles, esa sociedad de carácter ultrasecretro, hoy más que nunca, mantiene su firme propósito de excitar ampliamente la curiosidad de los aludidos, por lo que ya sabes, ¡toma nota y baja a la calle con tu dinero móvil en busca de éste libro: “HISTORIA ABREVIADA DE LA LITERATURA PORTÁTIL”, Enrique Vila-Matas (Ed. Compactos Anagrama). Lo recomiendo encarecidamente y ni siquiera es amigo mio.
Entre otros supuestos genios (o niños irresponsables), formaron parte de esta Sociedad Secreta que conspiraba para nada y desde nada, Marcell Duchamp, Alberto Savinio, Pola Negri, el satanista Aleister Crowley, Borges, Lorca, Walter Benjamin (el inventor de la máquina de pesar libros), el suicida Rigaut, Tzara, Dalí, Scott Fizgerald, etcétera, entre otros, y lo que voy a hacer desde Dadá 13-91, para animointrigarte, es resumirte brevemente de qué va el tema y mostrarte pasajes del libro, uno de ellos relacionado directamente con el entramado dadaísta. En opinión del autor, todo parece indicar que era un movimiento inútil, pues no se perseguía un fin u objetivo determinado. Los afiliados al ultrasecretismo de los Portátiles se comportaban como una especie de peregrinos medievales para los que lo principal era el viaje, viaje que, al igual que todo poema, corría el peligro de carecer de sentido, pero los Shandys y su Sociedad Secreta no habrían sido nada sin este riesgo. Poco importaba que llegaran a Roma, La Meca, Cádiz o Clímax. Sólo buscaban viajar y contarse historias entre ellos. Los Shandys, aparte de exigirse un alto grado de locura debían poseer un “espíritu innovador, sexualidad extrema, ausencia de grandes propósitos, nomadismo infatigable, tensa convivencia con la figura del doble, simpatía por la negritud, cultivar el arte de la insolencia, funcionar como una perfecta máquina soltera”.
SI HABLAS ALTO, NUNCA DIGAS YO, ES DECIR, SHANDY.
La trama no tiene desperdicio cojas por donde cojas el libro de Vila-Matas: historias y anécdotas sobre la utópica Sociedad Secreta de los Portátiles narradas con un humor de genio elocuentemente absurdo. La Sociedad Portátil, así como sus obras ingrávidas, parece mantener un “absoluto desdén hacia lo que se consideraba importante, grande, fundamental”, algo que conecta directamente con papá-dadá. Y aquí lo dejo, esperando haber creado algún que otro estímulo en tu crujiente corteza cerebral.
A finales del invierno de 1924, sobre el peñasco en que Niezsche había tenido la intuición del eterno retorno, el escritor ruso Andrei Bieli sufrió una crisis nerviosa al experimentar el ascenso irremediable de las lavas del superconsciente. Aquel mismo día y a la misma hora, a no mucha distancia de allí, el músico Edwar Varese caía repentinamente del caballo cuando, parodiando a Apollinere, simulaba que se preparaba para ir a la guerra. Esas dos escenas fueron los pilares sobre los que se edificó la historia de la literatura portátil. (...)
Antheil era el maestro de ceremonias. Y, según parece, fue también el inverntor del método de encontrar artístas portátiles por las calles de París (...), repartiendo en perfecto silencio y con gestos de conspirador, el alfabeto manual de los sordos. Junto al alfabeto había unas instrucciones a primera vista incomprensibles: doce frases que sólo adquirían sentido para aquel que se diera cuenta de que, leyendo verticalmente la primera letra de cada una de las doce frases aparecía esta dirección: SEPT RUE ODEON. (De esta forma se llevaba a cabo la captación de nuevos miembros portátiles).
Cuenta Picabia que a finales del invierno de 1924 en la ciudad de Zúrich, frente al Cabaret Voltaire, donde por aquellos días DADA estaba celebrando el feliz quinto aniversario de su desaparición del panorama cultural, había un balcón en forma de flauta pigmea hecha de rama de papaya, y en ese balcón, en el transcurso de una noche de luna llena, hallábase reposando una gabardina, dentro de la cual se movía inquieta una hermosa mujer española de nombre más bien horrible, Berta Bocado, que observaba con cierto disimulo el constante ajetreo de los antiguos dadaístas que, dicho sea de paso, en ningún momento se dieron cuenta de que eran espiados por los ojos de la española. (...) Esa noche, Berta Bocado acababa de recibir una carta de su antiguo amante, Francis Picabia, en la que le pedía que intentara trabar amistad con un escritor ruso llamado Andrei Biely y averiguara si éste, aparte de tener crisis nerviosas poseía ingenio y sentido del humor. Tanto Duchamp como yo (concluía la carta) estamos interesados en saber si Biely es uno de los nuestros. Los datos que tenemos de él indican que vive en tu misma calle y que, al atardecer, juega con Tristan Tzara al ajedrez. (...) No se sabe si por su condición de mujer fatal o, simplemente, por su tendencia al despiste, Berta Bocado confundió a Biely con otro ciudadano ruso que vivía en la Spielgasse y que, a veces, jugaba al ajedrez con Tzara, Arp, Swichters y compañía, pero que de noche se refugiaba en su casa y nada quería saber de los antiguos dadaístas. Vladimir Ilich Uliánov era su nombre y, en compañía de una tal Krupskaia, aguardaba en Zúrich a que estallara la revolución en su país.
A los pocos días, Berta Bocado envió unos datos totalmente errróneos a Picabia, creando así el equívoco que tanto contribuyó a la consolidación de la sociedad secreta portátil: – Se trata de un ruso ciertamente extraño que, hasta cuando hace buen tiempo, sale a la calle con chanclos y paraguas y con un abrigo guateado de invierno (...), hasta parece que tenga enfundada la cara porque siempre la esconde con el cuello levantado de su abrigo. Lleva gafas oscuras..., y cuando sube a un coche le ordena al cochero que suba la capota. En una palabra, se observa en este individuo una tendencia constante a crearse algo así como una funda que le aisle y le proteja de toda mirada externa. Yo creo que tiene hasta la manía de guardar las ideas en una funda. Intenté seducirle y lo máximo que conseguí fue que me dejara subir a su casa, pero una vez en ella comenzó a comportarse de forma bastante extraña: apenas me miraba y sólo parecía interesado por unas carpetas que, de un modo frenético y convulsivo, transportaba de un lugar a otro del estudio: algunas de esas carpetas las cambiaba repetidamente de sitio, otras las escondía. Supongo que contenían manuscritos de sus novelas. Y digo supongo porque a todo esto él insistió, una y otra vez, que no era novelista. (...) Estaba claro que deseaba que me marchara cuanto antes, y eso, tú ya me conoces, me enojó. Le llamé maleducado, a lo que él respondió misteriosamente diciendo que no era un maleducado sino un simple aficionado a transportar todo aquello que le parecía portátil...
Picabia, al recibir la carta, tuvo la impresión de que, detrás de la rara conducta del ruso, podía esconderse un mensaje en clave que debía descifrar.
el instantaneismo no quiere el ayer. instantaneismo no quiere el mañana... cree en el movimiento perpetuo...(F. Picabia)
miércoles
domingo
i lo grito a cada puta berruga de mi espalda i mi culo...lo grito a mi vagina i succiono mi mal olor..lo grito a las bastardas qe intentan besarte i a las qemiran, grito i grito... pero me he detenido a pensar qe con tanto grito me voy a qedar sin esa puta voz qe una vez te dijo hola i no solo una vez si no qe unas cuantas veces.. estoi tan cansada de tener qe andar cargando berrugas llenas de te amo como qe es asqeroso pero lindo...estan totalmente forradas.fuck.
te amo te amo. puta me voy a suicidar i te lo voy a lamer hasta qe mi muerte se realize... tu cuello, claro, tu cuello es el qe voi a lamer. jé. por la jodida identidad secreta qe me esocndiste.....tantos dias...casi 362 días...por la puta ahora estoy invalida i llena de berrugas pero puta,,,esta ediondes..no me deja olerte bien...tu cuello! tu cueeellooooo!!.....
ahora soi yo la idiota..
i antes tambien
i siempre
i caigo .
-siempre caigo en las manos de el niño cuello.
dejame beber caviar i lamer los imperios donde aun llega el sol..yo qiero envenenarme de una puta buena vez i morirme en el intento de qitaarme de a una estas maldtas berrugas, qe cargo hace años i forradas en te amo, qiero lebantarme i sacarmelas con cada una de mis uñas lamed mi espalda con berrugas qe yo lameria tu cuello la vida eterna(amen)... i ni la virgen , ni san pedro, ni san carlos me detienen..por qe te amo pero el olor a amargado mi aguante...soi una idiota...no te digo?...soi un idiota mal criada i travestida
a la chucha
(me fuí?)
lunes
miércoles
"SOBRE EL MUNDO DONDE VERDADERAMENTE HABITO O LA EXPERIENCIA POÉTICA"
J.Teillier.
I
He oído decir alguna vez que poesía es lo que hace el poeta. La tarea es partir desde ese lugar y tratar de establecer qué es poesía para quien ejerce ese "monótono oficio o arte".
En un principio poesía eran para mí los extraños trozos de pareja tipografía medida y rimada que aparecían en los libros de lectura, esos versos que hay que aprender de memoria (y no de corazón como se dice en francés); de donde surgen el caballo blanco que nos va a llevar de aquí, las loas a los padres de la patria, los versos a la madre que el mejor alumno declama en el proscenio.
Para empezar entonces, la poesía es lo distinto al lenguaje convencional, por una parte, y por otra, "lo bello", lo idealizado como las cuatro estaciones en los cuadros donde se aprende idioma. Dos son las poesías escolares que aún recuerdo: una me atrajo por la anécdota: "La canción del pirata" de Espronceda ("La luna en el mar riela / y en la lona gime el viento), y la otra de García Lorca: "Naranjita de oro/ de oro y de sol", donde las palabras me sonaban como un encantamiento análogo al de las rondas entonadas por las vecinas al atardecer.
No recuerdo haber intentado escribir poema alguno hasta los doce años de edad. La poesía me parecía algo perteneciente a otro mundo y prefería leer en prosa. Leía como si me hubiesen dado cuerda, así como relata Pasternak que veía leer a los moscovitas en los trenes de 1941 ajenos al cañoneo alemán venido de unos pocos kilómetros. Leía de todo, desde cuentos de hadas y El Peneca hasta Julio Verne, Knut Hamsun y Pannait Istrati por quien aún vuelan los cardos en el Baragán.
Desde los doce años escribía prosa y poemas, pero en Victoria, ciudad donde aún suelo vivir, fue donde escribí mi primer poema verdadero, a eso de los dieciséis años, o sea, el primero que vi, con incomparable sorpresa, como escrito por otro.
Sobre el pupitre del liceo nacieron buena parte de los poemas que iban a integrar mi primer libro Para ángeles y gorriones, aparecido en 1956. Mi mundo poético era el mismo donde también ahora suelo habitar, y que tal vez un día deba destruir para que se conserve: aquel atravesado por la locomotora 245, por las nubes que en noviembre hacen llover en pleno verano y son las sombras de los muertos que nos visitan, según decía una vieja tía; aquel poblado por espejos que no reflejan nuestra imagen sino la del desconocido que fuimos y viene desde otra época hasta nuestro encuentro, aquel donde tocan las campanas de la parroquia y donde aún se narran historias sobre la fundación del pueblo. Y también aparecían los poetas; el primero de todos Paul Verlaine, cuyos versos rimaban con las campanas y los pájaros y cuya poesía fue la primera que aprendí a ver viva sin necesitar otra cosa que el sonido, y luego Rubén Darío, López Velarde y Luis Carlos López, provincianos cursis y universales, y también los chilenos: Vicente Huidobro, cuya antología leía en la Pascua de 1949, y Omar Cáceres que me fue descubierto por Miguel Serrano en su Ni por mar ni por tierra ("La brújula del alma señala el sur"), y Pezoa Véliz y Alberto Rojas Giménez y Romeo Murga que hablaba por nosotros a las muchachas con las que no podíamos hablar. Sin embargo, aclaro que nunca hubo para mí distinción entre poetas chilenos y poetas extranjeros. Se es o no es poeta, y allí no caben nacionalidades. Más aún, creo que es un signo de madurez no preguntarse ya "qué es lo chileno". Las personas adultas no se preguntan quién son, sino cómo van a actuar. También las colectividades adultas, me parece.
Nuestra poesía siempre ha tendido a la universalidad, que fundamentalmente se obtiene por el lenguaje imperecedero de la imagen. "La muerte que está ante mí como el chubasco que se aleja" del arpista del Antiguo Egipto es también, "la muerte es grande y somos los suyos" de Rilke, y la misma nieve recuerda a las damas de antaño de Villon y es como la soledad en Rilke, y el tiempo es un río en Heráclito y Jorge Manrique.
Pero vuelvo a 1953... cuando como todo provinciano debí hacer el viaje bautismal de hollín de trenes de entonces a Santiago, atravesando la noche como en un vientre materno hasta asomarse a la lívida madrugada de boca amarga de la Estación Central. Por esos años el héroe poético de mi generación era Pablo Neruda, que perseguido por el Traidor se dejaba crecer barba y atravesaba a caballo la Cordillera y desde México lamentaba que los jóvenes leyeron Residencia en la tierra y llamaba a cantar con palabras sencillas al hombre sencillo y en nombre del realismo socialista convocaba a los poetas a construir el socialismo. Hijo de comunista, descendiente de agricultores medianos o pobres y de artesanos, yo sentimentalmente sabía que la poesía debía ser un instrumento de lucha y liberación y mis primeros amigos poetas fueron los que en ese entonces seguían el ejemplo de Neruda y luchaban por la Paz y escribían poesía social.
Pero yo era incapaz de escribirla, y eso me creaba un sentimiento de culpa que aún ahora suele perseguirse. Fácilmente podía ser entonces tratado de poeta decadente, pero a mí me parece que la poesía ser entonces tratado de poeta decadente, pero a mí me parece que la poesía no puede estar subordinada a ideología alguna, aun cuando el poeta como hombre y ciudadano (no quiero decir ciudadano elector, por supuesto) tiene derecho a elegir la lucha a la torre de marfil o de madera o cemento. Ninguna poesía ha calmado el hambre o remediado una injusticia social, pero su belleza puede ayudar a sobrevivir contra todas las miserias. Yo escribía lo que me dictaba mi verdadero yo, el que trato de alcanzar en esta lucha entre mí mismo y mi poesía, reflejada también en mi vida. Porque no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre. De qué le vale escribir versos a tanto personaje resentido y sin puerta de escape que vemos deambular por el mundo literario.
II
A su debido tiempo, me parece que todo poeta en esta sociedad se suele considerar un sobreviviente de una perdida edad, un ente arcaico. La poesía es una enferma grave, a la que se le toleran algunos caprichos en espera de su futura muerte, y también la Cenicienta (para editores) de los géneros literarios aun cuando la novela sea "la poesía de los tontos" según dice mi amigo el poeta Molina Ventura.
La burguesía ha tratado de matar a la poesía, para luego coleccionarla como objeto de lujo. Me parece un signo de estos tiempos ver cómo medio mundo reúne cosas que nunca se usarán: volantines que jamás se enredarán en un árbol, botellas que nunca recibirán vino, redes de pescadores que no sirven para atrapar un pez, llaves mohosas para ninguna puerta, "posters" con efigies de muertos que de algún modo se contribuyó a matar. El poeta es un ser marginal, pero de esta marginalidad y de este desplazamiento puede nacer su fuerza: la de transformar la poesía en experiencia vital, y acceder a otro mundo, más allá del mundo asqueante donde se vive. El poeta tiende a alcanzar su antigua "conexión con el dínamo de las estrellas", en su inconsciente está su recuerdo de la "edad de oro" a la cual acude con la inocencia de la poesía. Si soy extraño en este mundo no soy extraño en mi propio mundo, reflexiona el creador, y a la larga, en poesía, "lo que no es práctico resulta ser lo práctico" como escribía Gunnar Ekelof. Pienso en dos poetas chilenos ya fallecidos que pagaron con su vida su calidad de poetas: Teófilo Cid y Carlos de Rokha, ambos "amateurs de la lepra", en nuestro medio. Sí, la poesía considerada como la lepra en este mundo en donde está muriendo la imaginación, en donde la inspiración está relegada al desván de los muebles viejos. Astronautas antisépticos y en esterilizados vehículos llegarán a la luna a plantar sus pequeñas banderas, y a transmitir mensajes sin sentido, serán artistas de circo en la "caja de los idiotas" de la TV. Al contrario, pienso en los verdaderos conquistadores como Cristóbal Colón que parte sin mapas junto con un equipo de locos y presidiarios hasta que aparece el Nuevo Mundo que surge gracias a su visión; en Ponce de León muriendo en pos de la Fuente de la Juventud; Gonzalo Pizarro yendo hacia El Dorado; el Padre Meléndez en estrechas chalupas bogando por los canales hacia la Ciudad de los Césares. Qué puede ver el ciudadano del siglo XX en la Luna sino un pequeño satélite cuya probable utilidad será la de depósitos de perfeccionados proyectiles nucleares, allí donde las jóvenes irlandesas veían al rostro de su futuro amado, los puritanos de Boston a un duende maléfico, los nativos de Samoa una anciana hilando nubes, los niños de hace treinta años a la Sagrada Familia rumbo a Egipto. El poeta es el guardián del mito y de la imagen hasta que lleguen tiempos mejores.
III
Creo que todos mis libros forman un solo libro, publicado en forma fragmentaria, a excepción de Crónica del Forastero. Me parece que difícilmente uno tiene más de un poema que escribir en su vida. Hay varias tendencias en mis libros que van de Para ángeles y gorriones (1956) hasta Poemas del País de Nunca Jamás (1963); una descriptiva del paisaje visto como un signo que esconde otra realidad (como en los poemas "El Aromo" o "Molino de Madera"), otra como la historia de un personaje contada con un marco de referencia que es siempre la aldea (así en "Historia de Hijos Pródigos"), otra como el afrontar el problema del paso del tiempo, de la muerte que subyace en nosotros revelada como el fuego revela la tinta invisible por medio de la palabra (los poemas "Domingo a domingo" u "Otoño secreto"). En este sentido quiero hacer destacar que para mí la poesía es la lucha contra nuestro enemigo el tiempo, y un intento de integrarse a la muerte, de la cual tuve conciencia desde muy niño, a cuyo reino pertenezco desde muy niño, cuando sentía sus pasos subiendo la escalera que me llevaba a la torre de la casa donde me encerraba a leer. Sé que la mayoría de las personas que conozco y conocemos están muertas, que creo que la muerte no existe o existe sólo para los demás. Por eso en mis poemas está presente la infancia, porque –para mí– el tiempo más cercano a la muerte y en donde verdaderamente se entiende lo que significa. Por otra parte, yo no canto a una infancia boba, en donde está ausente el mal, a una infancia idealizada; yo sé muy bien que la infancia es in estado que debemos alcanzar, una recreación de los sentidos para recibir limpiamente la "admiración ante las maravillas del mundo". Nostalgia sí, pero del futuro, de lo que no nos ha pasado, pero que debiera pasarnos.
Siguiendo con mis libros, Los trenes de la noche es un solo poema escrito también de un solo golpe, en un viaje de Santiago a Lautaro, mirando por la ventanilla del tren nocturno, escribiendo unos versos en un cuaderno de croquis tras salir a respirar a la pisadera del carro, tras bajarme rápidamente en las estaciones de donde parten los ramales, a tomar un vaso de vino. El paso del tren representa el tiempo que las locomotoras van dividiendo en forma implacable en el pueblo natal que atraviesan por la mitad. Alguna vez correrá un último tren, pensaba yo, cuál será ese último tren, así como tantas veces pienso quién pronunciará por última vez mi nombre, quién leerá por última vez un poema mío.
Crónica del Forastero es un libro con menos revelación, menos visión lírica, un intento fallido tal vez de cambiar mi expresión habitual por el relato, a costa unas veces del relato, otras de la tensión lírica. Pero uno muchas veces no es responsable de lo que hace. Mi intento era el de revivir a través de un personaje lírico la historia o mejor dicho la intrahistoria de la Frontera, nuestro Far West, donde nace en el Siglo XVI la poesía chilena con Pedro de Oña y Ercilla; esa zona tan singular nacida de la fusión de tres razas; revivir a los (y mis) antepasados, proyectar una historia mítica en un presente que debe cambiarse. Yo debía transformarme en una especie de médium para que a través de mí llegara una historia, y una voz de la tierra que es la mía, y que se opone a la de esta civilización cuyo sentido rechazo y cuyo símbolo es la ciudad en donde vivo desterrado, sólo para ganarme la vida, sin integrarme a ella, en el repudio hacia ella. Es posible que esta "Crónica" sea un primer intento que alguna vez retomaré, un primer paso hacia un poema épico para el cual todavía no estoy preparado. Mi trabajo actual está orientado en otro sentido, que no creo del caso hablar ahora, para utilizar figuras manidas, la primavera trabaja mudamente las raíces del trigo que va a aparecer. Tal vez sí apunte a una contradicción de mí mismo, una contradicción dolorosa, porque yo no soy poeta de la aventura, sino del orden, aun cuando admire a los innovadores auténticos, por supuesto. Pero sí, quiero establecer que para mí lo importante en poesía no es el lado puramente estético, sino la poesía como creación del mito, y de un espacio y tiempo que trasciendan lo cotidiano, utilizando muchas veces lo cotidiano. La poesía es para mí una manera de ser y actuar, aun cuando tampoco puedo desarticularla del fenómeno que le es propio: el utilizar para su fin el lenguaje justo para este objeto. Mi instrumento contra el mundo es otra visión del mundo, que debo expresar a través de la palabra justa, tan difícil de hallar. Porque el poema no debe (como dice Archibald McLeish) "significar sino ser". Tal vez lo que importa no es dar en el blanco, sino lanzar la flecha. Y de nada vale escribir poemas si somos personajes antipoéticos, si la poesía no sirve para comenzar a transformarnos nosotros mismos, si vivimos sometidos a los valores convencionales. Ante el "no universal" del oscuro resentido, el poeta responde con su afirmación universal.
IV
Nunca he pensado escribir una poesía original, ni me tengo por un ser sin antepasados poéticos. Cada poeta tiene una línea que va siguiendo. Es la mía la de Francis Jammes, Milocz en alguna de sus etapas, René Guy Cadou —un poeta con cuya visión del mundo creo tener afinidad—, Antonio Machado, para citar a los poetas principales, y en las lenguas que puedo leer en versiones originales, lo que me parece fundamental. En prosa, la línea de Robert Louis Stevenson, Alain Fournier, Selma Lagerlof, cierto Knut Hamsum, Edgar Allan Poe (Arturo Gordon Pym). En Chile, alguna vez me adscribí a un cierto sentido de la poesía que yo mismo llamé "lárica" (ver Boletín de la Universidad de Chile, número 56, 1965, mi trabajo "Los poetas de los lares"), y en donde están, entre otros, Efraín Barquero y Rolando Cárdenas, para citar sólo a mis coetáneos. A través de la poesía de los lares yo sostenía una postulación por un "tiempo de arraigo", en contraposición a la moda imperante e impuesta por ese tiempo, por un grupo ya superado, el de la llamada Generación del 50, compuesto por algunos escritores más o menos talentosos, por lo menos en el sentido de la ubicación burocrática, el conseguir privilegios políticos, el iniciar empresas comerciales, representantes de una pequeña burguesía o burguesía venida a menos. Ellos postulaban el éxodo y el cosmopolitismo llevados por su desarraigo, su falta de sentido histórico, su egoísmo pequeño burgués. De allí ha nacido una literatura que tuvo su momento de auge por la propaganda y autopropaganda, pero que por frívola y falta de contacto con la tierra, por pertenecer al oscuro mundo de la desesperanza ha caducado en pocos años. La pretendida crisis de la novela chilena no es, tal vez, sino crisis de la inautenticidad, de renuncia a las raíces, incluso a las de nuestra tradición literaria, por pobre que sea. En cambio, la mayor parte de nuestros poetas se mantienen fieles a la tierra, o vuelven a ella, como es el caso desde Neruda y Pablo de Rokha a Teófilo Cid y Braulio Arenas, ex surrealistas; o como en los más destacados poetas de la última generación, la poesía es expresión de una auténtica lucha por esclarecerse a sí misma, o por poner en claro la vida que la rodea. Pero mejor que yo lo dice Rilke: "Para nuestros abuelos una torre familiar, una morada, una fuente, hasta su propia vestimenta, su manto, eran aún infinitamente más familiares; cada cosa era un arca en la cual hallaban lo humano y agregaban su ahorro de humano. He aquí que hacia nosotros se precipitan llegadas de EE.UU cosas vacías, indiferentes, apariencias de cosas, trampas de vida... Una morada en la acepción americana, una manzana americana, o una viña americana nada tienen de común con la morada, el fruto, el racimo en los cuales había penetrado la esperanza y la meditación de nuestros abuelos... La cosas dotadas de vida, las cosas vividas, las cosas admitidas en nuestra confianza, están en su declinación y ya no pueden ser reemplazadas. Somos tal vez los últimos que conocieron tales cosas. Sobre nosotros descansa la responsabilidad de conservar no solamente su recuerdo (lo que sería poco y de no fiar), sino su valor humano y lárico". Hasta aquí Rilke (1929). Y no se debe añadir nada más. Dentro del mismo Estados Unidos los movimientos de los beatniks y los hippies recuperan también este mundo del "lar".
V
Lo he dicho entre líneas, pero ahora quiero hacerlo explícito: el personaje que escribe no soy necesariamente yo mismo, en un punto estoy como un ser consciente, en otro la creación que nace del choque mío contra mi doble, ese personaje que es quien yo quisiera ser tal vez. Por eso el poeta es quizás uno de los menos indicados para decir cómo crea. Cuando el poeta quiere encontrar algo se echa a dormir, me parece que lo dice León Felipe. Habitualmente el poema nace en mí como un vago ruido que debe organizarse alrededor de la palabra o la frase clave o una imagen visual que ese mismo ruido o ritmo mejor dicho, concita. No puedo concebir luego el poema en la memoria, sino que debo escribir la palabra o frase clave en un papel, y ver cómo se van organizando alrededor de ella las demás. Nunca corrijo, sino que escribo varias versiones, para elegir una, en la cual trabajo. A veces queda limpia de toda intervención posterior, otras veces empiezo a podar y corregir en exceso, quitando espontaneidad. Creo que algo de eso me ocurrió en la Crónica del Forastero. Pero en realidad, nunca sé en verdad lo que voy a decir hasta que no lo he dicho.
VI
Releo este trabajo, como de costumbre me siento disconforme de él, pero hemos llegado a un fin y eso no carece de importancia.
Me molesta el tono impostado y dogmático que he solido adoptar, así como el de querer decir verdades últimas. De veras, muchas veces no sé si soy poeta o no, no sé si sobrevivirá de lo que he escrito por lo menos "algunas palabras verdaderas" como pedía Antonio Machado. Pero "nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra tarea". No soy humilde, al estilo de los que dicen, como decía la violeta, "a humilde a mí no me la gana nadie", pero tampoco seguro de si lo que escribo vale ante los demás y ante mí mismo. Tal vez alguna vez ya no escriba más poesía, tal vez siga en esta tarea que nadie sino yo mismo me he impuesto, no para vender nada, sino para salvar mi alma, en el sentido figurado y literal.
Bien, si difícilmente he podido comunicar algo pido disculpas afirmando como lo hace Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo que las palabras no significan sino lo que nosotros queremos que signifiquen. De todos modos, para terminar diré que "el vino y la poesía con su oscuro silencio" dan respuesta a cuanta pregunta se le formule y que si mi amigo el poeta Nicanor Parra escribe "Total cero" en un "artefacto" de epitafio a Pablo de Rokha yo prefiero decir con Paul Eluard que "toda caricia, toda confianza sobrevivirá", y con René Char: "A cada derrumbe de las pruebas el poeta responde con una salva por el porvenir".
domingo
el amOr te HuMilla - - el 0diO te meCe..-- -
???? donde esta la gracia i belleza de la gente???
martes
lunes
martes
lunes
SAN=S E HiPÓCRiTazZ

El comportamiento sexual de las personas, hay que clasificarlo según las diferentes etapas de la vida: infancia, juventud, madurez y vejez. La actividad sexual -en condiciones normales-, debería prolongarse durante toda nuestra existencia, -lógicamente, la asiduidad de las relaciones disminuye con la edad-.En la etapa infantil, aunque no está contemplada como una activi-dad sexual real, empezamos a sentir que “eso que tenemos entre pierna y pierna”, nos produce una agradable sensación si lo rozamos con algo o alguien, -todo el mundo sabe que hasta los bebés tienen erecciones-. Muchos juegos infantiles buscan como finalidad el placer sexual. Este placer es sano e inocente, y no se debe mirar con ojos obscenos.Esta etapa infantil, bien llevada, sin traumas ni prohibiciones absur-das, es una buena preparación para “pasar a la acción” unos cuantos años más tarde.Para que la infancia no deje huellas traumáticas, es necesario la colaboración de unos padres tolerantes, que eduquen al hijo sin ocultar los “terribles misterios” que esconde el sexo. Cuando el niño llegue a tener la suficiente capacidad de comprensión, es necesario enseñarle poco a poco la “asignatura sexual”, respondiendo a su vez a todas sus dudas; desde cómo vienen los niños al mundo, hasta los métodos anticonceptivos y de prevención de enfermedades por transmisión sexual. Es mejor que lo aprendan de un adulto que de los amigos del colegio. No hay que ocultarles nada, porque queramos o no, lo van a acabar aprendiendo en la calle. Es preferible saber las cosas pronto y bien, que tarde, mal y sin remedio.Cuando el niño ha nacido dentro de una familia tradicional de hipócritas beatos, entonces… “lo tiene un poco crudo”, porque todo serán prohibiciones: “el que se toque la cosita irá al infierno”, “eso son guarra-das”, “los niños vienen de París”, etc. etc… Total, que estos hijos de beatos suelen acabar de dos maneras: o bien, traumatizados para toda la vida, esperando su príncipe -o princesa- azul que no llegará nunca, y de tanto esperar, terminan sus días “sin comerse una rosca”; o engendrando “churumbeles” siendo aún adolescentes, por creerse lo de París.También en ciertos casos, cuando el trauma infantil provocado por los beatos es muy profundo, estos niños, al hacerse mayores han acumu-lado tanta adrenalina reprimida, que un día van y explotan. Consecuencias: violaciones y crímenes sádicos cometidos por perturbados. Luego se dirá lo de siempre: “era un muchacho normal, muy educado, un poco tímido, nunca me hubiera esperado que fuese un asesino…”.¿Y quien tiene la culpa? ¿La sociedad? No; solamente ciertos hipócritas que se encuentran en ella; y gracias a la educación severa e intransigente que dan a sus hijos, provocan graves situaciones irreversibles.¿Y cuantos casos de abusos sexuales se dan en estas familias repri-midas? Está comprobado que cuanto más “honorables” parecen, menos te puedes fiar de lo que hagan con sus hijos. Porque a los hipócritas beatos, tarde o temprano se les ve de qué van.
Al entrar en la etapa juvenil, la cosa cambia. Los jóvenes actual-mente practican el sexo con asiduidad. Se dejan llevar más por el instinto, que por los sentimientos afectivos profundos. Su lema es: “disfruto ahora y que me quiten lo bailao”. El sexo no lo ven complicado, se hace y ya está. La virginidad pierde su notoria importancia de épocas anteriores.Esta etapa se caracteriza además por la gran potencia sexual de los jóvenes, -aunque algunos no posean la experiencia necesaria como para rematar bien “la faena”-.Existen diferencias de comportamiento sexual entre el hombre y la mujer. El varón es más promiscuo en esta etapa, pero es la mujer quien se puede permitir el lujo de seleccionar a su “presa”.El muchacho joven, casi nunca ofrece reparos a la hora de mantener una relación sexual, aunque sea con diferentes mujeres. Es como si el subconsciente le animara a ello, porque metafóricamente, representa a un labrador que va depositando semillas por todo el campo, y cuantas más semillas haya sembrado, mejor se sentirá anímicamente.Por el contrario, la mujer joven, busca más el afecto que la propia penetración. Se siente más utilizada, porque piensa que da mucho más de lo que realmente recibe, -porque ella es la que pone “el recipiente”-.En realidad, no nos diferenciamos mucho de nuestros amigos los perros. La perra cuando entra “en celo”, tiene a todos los machos a su alrededor, y ella escoge al que le apetezca, mientras los demás “se les cae la baba” esperando su turno. Pero el ser humano, como no va con el sexo al descubierto por la calle, y no tiene el olfato tan desarrollado como para oler el deseo sexual de los demás, se las tiene que apañar con otros métodos más sutiles. De esta forma surgió lo que ordinariamente denominamos “ligar”. Pero para conseguir “ligar”, hay que pasar previamente por la fase del “pendoneo”.El “pendoneo” es la actividad lúdica a la que dedica más tiempo la juventud. Podría definirse como el conjunto de tácticas orales y visuales, que se utilizan para atraer la atención de las personas que nos interesan afectivamente.“Ligar” y “pendonear”, aunque son dos términos parecidos, les separa una gran diferencia. Mientras el “ligue” tiene como finalidad consumar una relación sexual, el “pendoneo” se conforma con elevar el “ego”.La persona a la que le gusta “pendonear”, disfruta cuando sus admiradores “caen rendidos a sus pies”; y una vez conseguido este punto, pierde el interés, porque ya ha logrado su propósito y ahora los ve como “perritos falderos”.Otro de los objetivos del “pendoneo” es provocar los celos. Gene-ralmente, la persona “pendona”, tiene a su compañero -o compañera- sentimental al lado, quien debe “soportar” todo su juego; -y si no está cerca… no importa; porque ya se lo contará luego todo “con pelos y señales”-.La conducta del “pendón” tiene su explicación. Por una parte los “pendones” mejoran su autoestima, -aunque la mayoría llegan al engrei-miento-; y por otro, quieren demostrar a su pareja que aún pueden atraer a los demás, como diciendo: “ándate con ojo…, que si tú no me quieres, no me van a faltar pretendientes”. Aunque en realidad, lo que tienen es un profundo temor a perder a la persona que aman.¿Cómo se puede detectar si nuestra pareja es “pendona”? Muy sencillo. Simplemente tenemos que analizar su comportamiento con los demás. Lo voy a explicar con una escena muy común:Una pareja de novios va paseando por la calle, su actitud es normal, hablando con naturalidad. De pronto, se encuentran con alguien que conoce uno de los dos. La persona que es “pendona” súbitamente cambiará de comportamiento, como si poseyera doble personalidad, y empezará a hacerse la divertida “riéndole las gracias” al que acaba de conocer, -que siempre es del sexo opuesto, a no ser que la pareja sea gay-.Este comportamiento es muy habitual en nuestra sociedad; pero aunque produzca malestar por los celos, no hay que dar demasiada importancia a la situación, porque en casi todos los casos, es un juego de seducción que no pasa “a mayores”.También cabe la posibilidad de hacer como en los países islámicos: “tapar a mi mujer -o a mi hombre- para que no lo mire nadie”; pero tam-poco es buen remedio, porque por muy “tapaditos” que parecen que van los árabes, está demostrado que los genitales los llevan “bien sueltos”, cumpliendo a rajatabla el famoso dicho de: “aquí te pillo, aquí te mato”.En definitiva, es mejor no darle muchas vueltas al asunto, porque no tiene tanta importancia. ¿Que está en juego el “honor”? ¿Que me van a poner los cuernos? Tonterías. Sé de un conocido que me suele decir: “a mí la mujer nunca me va a poner los cuernos, porque el cornudo es al que le engañan, y yo ya parto con la idea de que mi esposa es una golfa”.Y tiene razón, -en lo de que su mujer es una golfa… no lo sé-. Por-que si no hay engaño, no puede haber adulterio.Pero volviendo a los “pendones” juveniles, voy a describir otros indicios que nos llevan a identificarlos.Imaginemos que nos encontramos en un pub de moda un Sábado por la noche; uno de tantos pubs que se encuentran a rebosar de gente, y en los que hay que librar una verdadera batalla con la multitud, para llegar a la barra y pedir una cerveza. ¿Cómo se identifica a los “pendones”? Fácilmente. Son las personas que se hacen notar; bien sea por sus gesticulaciones, -como puede ser, el pasarse la mano por el pelo cada ocho segundos, o la peculiar manera que tienen de agarrar el vaso, o el cigarrillo, etc. etc.-. Pero la mejor manera de identificarlos es observando cómo miran a los demás. Suelen situarse en lugares estratégicos del local como si fuesen estatuas, así pueden observar mejor “el ganado”, pero sobre todo lo hacen para que les miren. Visten a la última moda, cuidando mucho su aspecto. Los ojos es el arma más efectiva en estos ambientes, porque los decibelios no permiten otro tipo de comunicación.Lo que no entiendo es… ¿por qué hay tanto afán por entrar a un local saturado de gente? ¿Los jóvenes son “masoquistas del agobio”? ¿Acaso es por sentir el roce humano? No lo sé. Lo cierto es que la juventud no entra en los bares que no hay “ambiente”. Pero… ¿a que le denominan “ambiente”? ¿A la decoración del local? ¿Al tipo de música que ponen? ¿O a las bebidas tan baratas que sirven? No, creo que no. El “ambiente” lo da la multitud. ¿Y por qué se quiere que un local esté lleno, cuando se va a tomar unas copas y a charlar con los amigos?Volvemos a lo mismo de siempre: el “pendoneo”; este es el motivo esencial. El volver a casa sabiendo que se ha cautivado a otras personas; aunque luego no ocurra nada más ¡no importa! El objetivo principal ya estaba cumplido: mejorar la autoestima.Así que ya lo saben, señores empresarios del sector hostelero; si quieren que su local se ponga de moda, no gasten inútilmente su dinero en cuñas radiofónicas, ni en anuncios de prensa, ni tampoco es necesario bajar el precio de las bebidas; lo único que tienen que hacer, es contratar por un mes, a unos cuantos jóvenes “guapos” de la “onda pija”, para que permanezcan en el local, y así parezca que esté lleno. Ya verán qué pronto “no cabe ni un alfiler”.
domingo
EntreVistA
S:usana
D:iego
S: ¿qué es para ti sentir miedo?
D: Es cuando veo al monstruo, me da miedo dormir solo pero en la noche nomás.
S: ¿te gustan las sorpresas? ¿Cuáles?
D: Si me gustan las sorpresas del futuro, de películas, de papa villa (programa de la tele)
S: ¿qé cosas no te gustan?
D: No me gustan los monstruos, los fantasmas. Pero siempre peleo con ellos, soy un superhéroe, mis poderes son fuego, agua y tierra. Mi traje es naranjo.
S: ¿ cuándo te enojas?
D: cuando se esconden de mi, la maca lo hace. También cuando hay fantasmas y monstruos por que cuando duermo me molestan.
S: ¿Cuándo te sientes alegre?
D: cuando voy a los juegos y al cine, cuando veo a los títeres.
S: ¿ cuando te sientes triste o con pena?
D: cuando voy al colegio, con mi compañera (con síndrome de down) por que me pega - ¿te da pena ella? – Si. También me da pena cuando la profesora se enoja.
S: cuentame una situación que hallas sentido rabia o enojo.
D: me da rabia cuando la maca no me deja ver Madagascar.
S: cuéntame una situación en la que te hallas sentido felíz.
Cuando voy al cine, cuando la profesora me hace un ticket en el trabajo.
S: ¿ Van a volver los monstruos?
D: Si van a volver monstruos, más monstruos, corran todos yo los mato.
S: ¿qué monstruos son?
D: arañas, ratones, fantasmas, abejas y gorilas. Andan por la pieza de la maca, de los papás y en mi pieza tambien.
Una vez se apareció un gorila en la pieza de mis papás y yo lo maté porque era un gorila malo.
S: ¿ cuando te conviertes en superhéroe?
D: cuando me tomo un jugo rojo me convierto en una estrella hombre, también me convierto en conejo, en elefante………………………………………………..
S: ¿Qué vas a hacer cuando veas a los monstruos?
D: Les voy a decir a todos que corran y yo los mato a los monstruos.
S: ¿para donde se van a ir?
D: a un departamento mas grande.
sábado
lunes
vAler lA penA?
Qè es eso de valer…viene de *valor* ...validez
Entendiendo qe valor es el conjunto de cualidades apreciables de una cosa…………… y pena¿?
…………………………………………………………………………………………....mmmmmmm
Llora..
Pues llora de una vez
Pero es mejor reir
Reir, reir, reir
Reir X nO lloRar
qe acaso algo "vale" la "pena"?
(en --conjunto--nada-- "vale" la "pena"...............en lo personal....)
qe acaso importa sufrir?
miércoles
: ApOyE a La ChusmA :
(...)
















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